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miércoles, 18 de julio de 2018

Alguien tiene que soñar...

No lo cuenta una leyenda, aunque haya pasado ya demasiado tiempo o arrastrase demasiados nombres que quedaron en este combate, exterminados. A pesar de parecer tan sólo una imagen difusa de aquello que fuimos, existió real y verdadero: pudimos soñar.

Soñamos.

En el entonces ya desterrado podíamos imaginar crecer y ser mejores. Tener oportunidades. Llegar a un algo, con esfuerzo, dedicación, con el cántaro repleto de ilusiones. Con la esperanza brillando en nuestra mirada. Los días estaban repletos de futuro.

Ese ayer existió.
Hubo un ayer.
Ayer.

No es un hoy.

Y tampoco se vislumbra un mañana en esta guadaña de miedos e incertidumbres que nos cercena los pasos. Esos que antes sabían construir senderos.

El polvo de los caminos queda ahora cernido sobre el terreno, sin más aire que los levante que el de algún otro latido que vaga, errante, oprimido.

El derecho a construir por nosotros mismos una torre de ideas, un castillo de méritos o un soplo de nosotras, de nosotros mismos, está enterrado en un abismo.

Estos minutos, años que se escapan de entre nuestras manos, vacíos, son ese abismo.

3.796.100 personas estaban paradas en el primer trimestre en España (www.ine.es). La tasa de paro era del 15,18 % para los hombres y del 18,54% para las mujeres.

La tasa de riesgo de pobreza o exclusión social en 2017 era del 26,6% de la población total. El 44,3% en Extremadura; el 40,2 % en Canarias; el 37,3% en Andalucía; el 35,8% en Ceuta. Navarra (13,5%), La Rioja (14,4%) y País Vasco (14,5%) fueron mejores lugares para sobrevivir. Para unos pocos más, al menos...

Es tan largo analizar el drama social que vivimos como contar a todas aquellas personas que estamos dejando en el camino. Aún más larga la hilera de derechos que alcanzamos una vez y ya damos por perdidos.

Alguien tiene que soñar. 

No es un cuento que otra vez fuimos distintas, fuimos distintos. 
Los méritos son aquellos que construimos por nosotros mismos.
Somos lo que vivimos.

¿Cuál es tu camino?

lunes, 30 de abril de 2018

Hambre


Me han contado muchas veces que el hambre azuzaba pesadillas y sombras en la noche, que marcaba los pasos a tanta gente, que le hicieron un hueco al pie de la escalera de los días y que así, compañera siempre, crecieron generaciones. Había guerra unas veces, otras el no se sabe, la falta de estudios, de oportunidades.. distintos nombres para la misma miseria.

Pero era un recuerdo de otras sociedades, o de años lejanos, casi imposibles.

Hoy, callamos. Y en silencio avanza el vacío del no mañana. 

Hay un hombre en mi barrio al que veo salir temprano, casi al alba. Lleva el maletín de siempre, los zapatos recién limpiados y el andar rápido en sus pasos. El traje parece el mismo de antaño, pero más gastado y en su cabello asoman reflejos plateados. Sé que pasa las horas caminando. Sé que su mujer, callada, se queda esperando. Y en la olla no hay más que agua que hierve. Los ahorros, se van gastando. 

Hay una mujer en mi barrio que desde la madrugada está pensando. Y, con las ojeras, señalando su miedo, ha pasado horas buscando y buscando algún puesto de trabajo. Ella que ha estudiado, que tiene manos, que creía en el futuro, que soñó tanto...

Hay un hombre y una mujer así en cada barrio.

El 1 de mayo es el día del trabajo pero demasiadas personas no tendrán nada que celebrar: en España hay más de 3.790.000 personas desempleadas, con una tasa de paro del 16,74 % de la población (http://www.ine.es/prensa/epa_tabla.htm). 

Son ya seis los años desde que se aprobó la Reforma Laboral, llevándose consigo algunos de los logros más importantes alcanzados por el Estatuto de los Trabajadores, firmado en 1980. 

Nuestro trabajo hoy se caracteriza por la pérdida de derechos, la devaluación de salarios, la precariedad en el empleo, una baja productividad y la creciente inseguridad laboral.

Empeoramos los de siempre. Ganaron sólo unos pocos.

Reivindiquemos.

No hay fiesta ni pan: hay muchas mujeres y muchos hombres en los barrios.

Demasiados.

viernes, 27 de abril de 2018

Hermana, yo sí te creo


Hermana, yo sí te creo.
Yo y todas.

Esta sentencia patriarcal nos categoriza y culpabiliza a todas: desampara nuestros No.

Te creemos porque así son nuestros días, enredadas en la maraña negra de ser ciudadanas de segunda.

¿Qué justicia es ésta? ¿De veras puede un tribunal que juzga delitos tan ligados a la cultura patriarcal estar conformado sólo por hombres?. Y donde digo hombres, digo individuos cuyo imaginario concibe como disfrute en las mujeres la penetración bucal, anal y vaginal por cinco tipos que acabas de conocer. ¿De verdad alguien cree esto?: ¿existen esas mujeres?, ¿existe una sola?.

Queremos trascender del ámbito privado de una vez por siempre. La noche también nos pertenece. Y deseamos tener la posibilidad de hablar a alguien sin temer que nos maten o nos cercenen.

Queremos ser libres.

Y esta libertad no es un deseo de incorporarnos a patrones de libertinaje: es tener la seguridad de ser respetadas, valoradas y apreciadas como personas, como mujeres.

Pero la prostitución sigue ahí, susurrando que somos objetos, que cualquiera puede disfrutar de nuestros cuerpos por un mísero precio.

La brecha salarial no se zanja, que siempre hay otros problemas a resolver.

Los anuncios mantienen esa imagen de nosotras como adornos, pastelitos dedicados a quienes nos deseen.

La retina marcada desde la infancia del rosa, los juegos de princesas y héroes masculinos que nos salvan y nos encuentran.

Los caminos marcados y las rutas preestablecidas.

Los murmullos, el qué dirán, la cruz del pecado, de la moral, del qué pensarán.

En nuestra cultura los celos, la posesión de las mujeres, hasta las violaciones y los golpes, son sólo cosas de hombres, o pequeños errores de chavales. Pobrecitos los 5 chiquillos, dicen. Pobres de nosotras que, si callamos, es porque aceptamos. Si hablamos, aparecemos en las cunetas, o en los pozos, o quemadas, o matadas  (os recordaremos siempre Anabel, Sandra, Miriam, Toñi, Desireé, Estefanía, Diana, Marta...tantas y tantas). Maldita la impunidad de todos esos criminales.

En 2017 se contabilizaron en España 99 muertes y más de 150.000 denuncias derivadas de la violencia de género. Hermana, ¿cómo no creerte si vivimos a tu costado esta realidad?. De manera constante, azuzándonos las mismas sombras, iguales miedos, exactos temores...

Hay que volver a parar el mundo.
Hay que salir a las calles.
Sabemos lo que sucede cuando eres mujer.
Te creemos.

sábado, 14 de abril de 2018

En tiempos de Mordazas

Al crecer, me di cuenta de la importancia de saber dónde estaba y dónde estaban el resto de pasos.

La Geografía es el espejo abierto de los intereses económicos y políticos.

En este presente que es el hoy, donde se amordazan las conciencias y se silencian las palabras, una de las mejores herramientas es leer, no sólo libros, sino también los mapas... Y viendo ríos, salidas al mar, rutas petroleras, de gas y piedras, afloran las excusas y motivaciones de unos y otros. Claras y nítidas, sin otras distracciones...


No digo nada si nombro la salida a un mar, o incido en el importante posicionamiento geoestratégico de un lugar. Lo digo todo.

Y sobre todo, pronuncio alto y fuerte que las guerras siempre las perdemos los mismos: los civiles.
Y tienen, casi todas, el mismo origen.
Iguales mentiras.
Iguales malvados.
Iguales crímenes...


miércoles, 21 de marzo de 2018

El mito de Perséfone

Cuenta la leyenda que, Perséfone, la hija de Zeus y Deméter, era dulce, cándida y alegre. De carácter afable y tranquilo, solía pasar las mañanas recogiendo flores con sus amigas, las ninfas, en la cumbre de un gran cerro. 

Cierto día, Hades, el señor del inframundo, observándola, quedó perdidamente enamorado de ella. Cuando Perséfone acariciaba un lirio, la tierra se abrió y, emergiendo de una grieta del suelo, Hades la secuestró.

Tal fue la desesperación de su madre, Deméter, Diosa de la agricultura y la fertilidad, que todos los campos de la tierra quedaron estériles. 

El cielo dejó de ser azul y se tornó del más triste de los grises. Un viento helado arrancó las hojas de los árboles y encogió  el corazón de todos los animales, que corrieron a refugiarse. Se heló el agua y la tierra secó el campo. La vida mostraba su desolación...

Zeus, agotado por la agonía de su esposa, envió al dios mensajero Hermes para que rescatase a Perséfone. Hades finalmente accedió a liberar a su hija con la condición de que no probase alimento durante el trayecto de regreso pues cualquier fruto del inframundo encadenaba para siempre al abismo a quien lo tomase. Mas, mientras marchaba, la joven ingirió seis semillas de granada...

Así fue como Perséfone quedó obligada, cada año, a restar seis meses en el inframundo. Durante el tiempo que se encuentra alejada de su madre, Deméter llora su ausencia y la tierra queda triste y estéril. Cuando regresa, las flores renacen de alegría y vuelve la vida...

Desde ayer, 20 de marzo, Perséfone está de nuevo aquí... ¡Bienvenida Primavera!

jueves, 8 de marzo de 2018

Paremos

No valgo nada.

Un techo de cristal deslumbra mi horizonte, pero no me deja llegar hasta él. Mis manos tienen un puño invisible: por más que las alzo, no alcanzan a mover el mundo.

Callada es mi voz en un silencio de palabras y de nombres.

No valgo nada.

Tan sólo soy una brizna de paja que molesta si reclamo y el símbolo de la histeria al unirme al grito colectivo.

Es mi tarea la casa, la infancia, el cuidado...porque la tradición manda y otra opción complica las cosas.

Veo porque estoy ciega: de hambre, de sexo, de rabia, de envidia, de pereza... mis ojos son miradas perdidas.

Mi cuerpo es un amasijo de huesos huecos, que ni suenan si los golpeo. Tengo una carne blanda que aguanta bien los golpes y a mi piel no le duele nada. Sólo hay que teñirla de rosa y envolverla bonita: las cosas lucen más si brillan.

No valgo nada... Sola.

Pero, si me uno a ti, compañera, a todas vosotras, hermanas: pararemos el mundo.

Vivas.
Libres.
Feministas.
Combativas.
Rebeldes.

Luchando de manera concreta en nuestros múltiples frentes: porque no nos maten, no nos abusen, no nos violen, por alcanzar los mismos derechos y las mismas oportunidades, por ser respetadas, por recuperar nuestra historia y nuestros nombres, por los mismos salarios, por la corresponsabilidad en el hogar, por dejar de ser objetos y mercancías... por muchas, demasiadas cosas.

Yo valgo. Tu vales. Nosotras Valemos.

Paremos.

Por ti. 

Por mi. 

Por esas niñas que fuimos, que somos, que son y que no pueden seguir así. 

Por todas.


miércoles, 14 de febrero de 2018

Amor y Días

¿Cómo celebraréis hoy el Día de los enamorados (y enamoradas)? 


¿Reservasteis ya esa cena especial?
¿Abrazados, leeréis ese libro?
¿Tenéis ensayado el baile en el salón al dormirse l@s pequeñ@s?
¿Viajaréis por la suma de vuestros días?
¿Iréis a cualquier lugar? ¿o a alguna parte?

Os deseo que disfrutéis de sonrisas y amor, hoy y siempre...


La festividad de San Valentín, lleva celebrándose desde el año 494 d.C., cuando el papa Gelasio I instauró esta fecha católica con el objetivo de imponerla sobre la fiesta pagana de las Lupercales.

Las Lupercales eran una fiesta pagana celebrada en la Antigua Roma cada 15 de febrero, en honor a Lupercus, protector de los pastores y sus rebaños.

Los festejos iniciaban en la Lupercal, la gruta donde, según la leyenda, Rómulo y Rema habían sido amamantados por una loba, tras haber sido abandonados por su familia en un río. Gracias al animal, lograron salvarse y fundarían, años más tarde, la ciudad de Roma.

Desde esta supuesta cueva se iniciaban las Lupercales, de manos de un sacerdote que se encargaba de sacrificar un carnero a Fauno, el dios de la naturaleza. 

Con el mismo cuchillo, se impregnaba de sangre la cara a dos jóvenes, los "lupercos", que iniciaban un recorrido por la ciudad, a toda carrera, en el que iban dando latigazos a quienes quisiesen. Se consideraba que estos latigazos eran símbolo de buena fortuna y que contribuían a mejorar la fecundidad...  

Algunas voces sostienen que se trataba de un rito de iniciación sexual para jóvenes... 


¡Buena semana!
¡Amorosa celebración!