Cuenta la leyenda que, Perséfone, la hija de Zeus y Deméter, era dulce, cándida y alegre. De carácter afable y tranquilo, solía pasar las mañanas recogiendo flores con sus amigas, las ninfas, en la cumbre de un gran cerro.
Cierto día, Hades, el señor del inframundo, observándola, quedó perdidamente enamorado de ella. Cuando Perséfone acariciaba un lirio, la tierra se abrió y, emergiendo de una grieta del suelo, Hades la secuestró.
Tal fue la desesperación de su madre, Deméter, Diosa de la agricultura y la fertilidad, que todos los campos de la tierra quedaron estériles.
El cielo dejó de ser azul y se tornó del más triste de los grises. Un viento helado arrancó las hojas de los árboles y encogió el corazón de todos los animales, que corrieron a refugiarse. Se heló el agua y la tierra secó el campo. La vida mostraba su desolación...

Así fue como Perséfone quedó obligada, cada año, a restar seis meses en el inframundo. Durante el tiempo que se encuentra alejada de su madre, Deméter llora su ausencia y la tierra queda triste y estéril. Cuando regresa, las flores renacen de alegría y vuelve la vida...
Desde ayer, 20 de marzo, Perséfone está de nuevo aquí... ¡Bienvenida Primavera!