jueves, 14 de octubre de 2021

¿Read or Treat?

Calabazas, brujas, murciélagos, uñas de rata, cuervos negros, esqueletos.... ¡Halloween!
¿Conoces el origen de esta celebración pagana?


Al caer la noche de la luna llena más cercana entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, se celebraba la noche de Samhain, el año nuevo celta y su festividad más importante. 

El año celta estaba dividido en una mitad mitad oscura, que comenzaba en el mes de Samonios (octubre-noviembre) y otra mitad clara, que iniciaba en el mes de Giamonios (abril y mayo).

La noche de Samhain era una fiesta de transición de un año a otro y también de apertura al otro mundo. En ella se desdibujaban las líneas que separaban el mundo de los vivos del de los muertos, haciéndose tan estrecha que los espíritus podían pasar por ella y volver a nuestro mundo.

Los muertos regresaban para visitar a sus seres queridos y juntos cenaban y celebraban el reencuentro. 

Para guiar a los espíritus se dejaban velas encendidas. 

Para evitar a los espíritus malvados, la gente se disfrazaba como ellos, con objeto de pasar desapercibidos. 

Además, era necesario proveer de comida a los espíritus malignos. Los sacerdotes druidas iban de casa en casa exigiéndola para ofrendar a Samhain. Si recibían lo pedido se hacía un trato (treat) y se iban en paz. Pero, cuando no se cumplía lo exigido, se maldecía la casa como trampa (trick). Este es el origen de la tradición de que los niños pidan caramelos de puerta en puerta.

El cristianismo decidió reconvertir esta festividad pagana en un evento religioso. El Papa Gregorio IV declaró el 1 de noviembre como Día de Todos los Santos y la noche anterior como Víspera de Todos los Santos. En inglés All Hallows Eve, que derivó en su nombre actual "Halloween"...

¿Tienes preparado tu disfraz?
¿Y un buen libro?
¿Read or Treat?


domingo, 12 de julio de 2020

Si fuera una niña...


Si fuera una niña, no estaría callada. Gritaría muy, muy, muy fuerte. Hasta que se abriesen las ventanas. Y cantaría muy alto, para que me oyesen los pájaros y, conmovidos de mi suerte, me izasen en vuelo hasta otro horizonte. Sería libre. Como son todos los niños. Como deberían ser todas las niñas. 

Si fuera más pequeña, la imaginación me salvaría de los días de incertidumbre que nos llenan a los adultos de miedos, de cobardía y podredumbre. Hay un hedor social de silencios que no se inmutan ante el recorte de derechos, los encierros indiscriminados, los colegios cerrados o el olvido de los ancianos. 

Se mueren los parques, cerrados.
Se mueren las risas, tapadas.
Se muere el amor, sin beso ni abrazo.

Yo si fuera niña, a lo peor estaría muerta y hubiera dejado de ser niña. El poso de la tristeza se anclaría en mi retina. Muy pronto olvidaría que tuve escuela, que jugaba en la calle, que me abrazaban y me hacían fuerte... 

En estos meses no he escuchado suficientes razones para entender este miedo atolondrado a la enfermedad y a la muerte. Lo que sí he visto es individualismo e improvisación, egoísmo, saturación de hospitales. Deficiencia de todos los vectores de lo público. Incremento de factores ensalzando las esferas privadas e individuales. Nula resiliencia. Escasa empatía. La gente callada, conmovida de su "gran esfuerzo" por lograr estar encerrada con toneladas de comida, las series de netflix, videoconferencias de whassap, redes sociales y palmaditas complices a las 8 en los balcones.

Debo ser muy cínica porque se han muerto 28.000 personas en España y yo sólo me acuerdo de que ha habido pocos pediatras posicionándose acerca de las consecuencias para la infancia de las decisiones políticas. Y seguramente también soy populista porque pienso en el ébola, el cólera, el chikungunya, el sarampión y la malaria, que, como todo el mundo sabe, son enfermedades de los pobres. Y quien es pobre debe aguantarse, que algo habrá hecho, como nacer, quejarse o dejar dominarse, que a saber. A veces también me acuerdo del hambre. Y de las guerras, pero esas son penas tan obvias, que bueno, me callo por no parecer pedante. 

Si fuera una niña, estaría indignada de que abriesen lo primero los bares. Conocer que se invierte tan poco en ciencia, en sanidad, en medio ambiente, en todo lo que no es hoy y ahora. Me molestaría bastante que lo económico estuviera siempre por delante. Nos quedaremos sin trabajo, dirían mis padres. Me quedaré sin colegio, madre. Me quedaré sin futuro, padre. Yo no entiendo que se cierren los colegios, sin asegurarse de que la educación llegue hasta el último niño, la última niña vulnerable. Será que aun no entiendo la supremacía de los bancos y el poder de las grandes empresas sobre la gente. Y no hablo de Amancio, mercadona, monarquía ni temas que den pie a algo de debate, que ya se sabe que, en tiempos de mordazas, malo, malísimo, como hables. 


Cuenta la leyenda que la muerte es inexorable pero que existen formas de vencerla. No hay nada más inmortal que amar. A los demás, a la gente, al pueblo, a tu especie, sobre todo a los más débiles. Quién sabe, igual algún día escribamos que, como pueblo, una vez vencimos a nuestro miedo...

En la sonrisa de la infancia creamos futuro.
Educando
Invirtiendo
Debatiendo
Compartiendo
Leyendo
Soñando
Avanzando
Pensando

martes, 10 de marzo de 2020

De algo hay que morirse...

Ayer hablé con mi abuelilla, de 90 años. Vive, por decisión propia, en una residencia de personas mayores. Me cuenta que el cierre del centro a visitas les ha deprimido y que ella es consciente de que "la peste ésta" le puede matar, pero también la gripe, una caída, un corte de digestión, o cualquier cosa, como ha sido siempre. A ella lo que más le preocupa es estar encerrada, que está triste y que de la soledad nadie se acuerda ni tiene cura...


Mientras, por todas partes cuentan tantas historias del coronavirus que, muy pronto, se convertirá en leyenda. En cambio del Dengue, que está extendiéndose con feroz virulencia por toda Sudamérica, se habla muy poco. Según un informe del 7 de febrero de la Organización Panamericana de la Saluden las primeras cuatro semanas de 2020 en la región de las Américas se han reportado un incremento de dos a tres veces más casos de dengue en comparación al mismo periodo del año previo. 


Más de tres millones de personas contrajeron la enfermedad en el 2019, un 30 % más que en el 2015, que hasta ahora había registrado el récord de contagiados. La enfermedad se transmite por la picadura de un mosquito infectado con uno de los cuatro serotipos del virus del dengue. El Aedes aegypti se reproduce en cualquier recipiente artificial o natural que contenga agua, por lo que se insta a la población en que eliminen reservorios de agua, malezas, etc.

El combate de los virus requiere de una ciudadanía activa y comprometida. Pensar como sociedad no como individuos y, desgraciadamente, estamos muy lejos y desentrenados. En España, así como en diferentes lugares de Europa, hace tiempo que han desaparecido las mascarillas. Hay desabastecimiento para las personas con enfermedades relevantes o alérgicas. Tampoco hay geles desinfectantes. Lo que sí que hay es miedo. Y yo creo que el peor de todos: el de estar solos. Ante los demás, como mi abuela. Ante la sociedad, cada vez más individualista. Ante el Estado, que no nos protege (¿dónde estás ahora querida Sanidad Pública?). Ante nosotros mismos, que no sabemos vivir, ni mucho menos morir, como se hacía antes, como se ha hecho siempre...

Y tú: ¿cómo estás viviendo la crisis del covid19?
¿Tienes miedo o desconcierto?
¡Buena semana!

lunes, 18 de noviembre de 2019

Un paraguas rojo de cuadros

Antaño me gustaba leer en los cafés; novelas, periódicos, ensayos... También me encantaba escribir poesía, especialmente en días como hoy, de ligera lluvia y mucho frío. 

De un tiempo a esta parte, sin embargo, disfruto este espacio observando a mi alrededor.

Estaba de gris la tarde y de capota vestidas las nubes, con aire de nieve. El café estaba rebosante de gente. Sentada enfrente mía una madre, con tres niños. El mayor hablaba fuerte, con la fuerza del niño feliz que sabe que crece y que tiene, esperándole, todo el horizonte. A su lado, otro niño de sonrisa callada, dulce, observando como yo, y con chirivías de magia en la mirada. En el regazo de la madre, sentada una niña. Apenas un año, despierta, inquieta, bella, fuerte y salvaje. La madre tenía el porte cansado, pero le brillaban los ojos. Con el pelo revuelto de hacer muchas cosas y la serenidad de su faz por maquillaje

Les observo. 

Cada vez más gente en el café. Al no encontrar mesas libres, algunas personas se van apelotonando en torno a las que estamos ya sentadas. Y entonces, una mujer, elegante, madura, de apenas 50 años, pasa entre las mesas chocando muy fuerte a la pequeña, que llora. Su madre se da la vuelta asustada.

-Señora, tenga cuidado. La ha dado a mi niña.
-Yo no he hecho nada.
-Pero señora, si me ha golpeado a mi también.
-¡Yo no he hecho nada!

Mirábamos la escena callados todos en la sala. La madre estaba petrificada, con el rubor de la indignación subiéndole desde las entrañas. Con el rabillo del ojo dudaba si ver a sus otros hijos, contestar a la malcriada, o quedarse como estaba.

-¡Mentirosa! ¡Tu has querido golpearme con el codo para no dejarme pasar!. ¡Yo no he hecho nada!¡nada!.¡mentirosa!.

Observábamos la escena inquietos, conscientes de que la mujer estaba avasallando a la pobre madre, en su quizás único café de la semana. En vete tu a saber qué celebración inocente, o en qué cotidianidad mancillada. Pero nadie dijo una palabra. Aun gritó un par de veces más la mujer antes de irse. La madre veíamos todos que estaba azorada. Pidió la cuenta, abrigó a sus niños rápidamente y se dispuso a marcharse. El mediano protestaba que no quería irse. Salían ya por la puerta (que nadie se acercó a abrirles) cuando un anciano llamó al niño.

- ¡Chaval! ¿Es tuyo el paraguas rojo de cuadros?
- si...

Y, acercándose, le entregó el paraguas a la par que, en un gesto casi inaudible, le acariciaba el cabello. Asomó una sonrisa en la madre...

Me hubiese gustado acabar mi café escribiendo acerca de alguna leyenda. Pero este era un café más triste y fue un paraguas rojo quien se llevó el pequeño atisbo de humanidad de la tarde, en un lugar que no era nada ni había motivos ni dramas para nadie... Me quedo pensando que hay pequeñas infamias escondidas en los gestos más sencillos (esos que pudimos hacer), en aquello que callamos y en lo que pudimos tomar parte...



¿Y tú? ¿tomas parte en las pequeñas batallas?

¿Lees, hablas, escribes u observas en los cafés?



lunes, 11 de noviembre de 2019

Las Horas perdidas


El tiempo de las risas siempre me parece breve y aquel destinado al llanto demasiado largo. 

El tiempo es una medida relativa. 

Desde los tiempos más lejanos, para medirlo, siempre se ha tomado como referencia algún movimiento o el período existente entre diferentes movimientos. En el caso de los años, la referencia ha sido, a menudo, el ciclo o movimiento que describe la tierra alrededor del sol, o el que realiza la luna en torno a la tierra.

En el calendario occidental, cuando empieza el año nuevo, al Sol le faltan 6 horas para completar la órbita. Así, en el segundo año, la tierra estará retrasada 12 horas. Al cabo de 4 años, un día completo. Nosotros contamos años de 365 días y, cada 4 años, durante los años bisiestos, sumamos veinticuatro horas más. 

Diferentes culturas han aproximado con mayor o menor certeza el tiempo, pero lo cierto es que existen horas perdidas... 

¿Cuántos libros dejarán de leerse en ese espacio? 
¿Cuántos besos no se dan?
¿Qué injusticias no logramos revertir?
¿Se enjugaran todas las lágrimas?
¿y tu? ¿qué harías en ese tiempo que no está?

Muy pronto os contaré qué hizo esta Reina Maga. 

De eso versará "Azara y el Misterio de las horas perdidas", donde os contaré mi camino en el tiempo olvidado... y... muchas otras cosas más


¡Dulce semana!

viernes, 8 de noviembre de 2019

¿Dónde he estado?

¡Muy, muy feliz día de otoño!

Son ya varias las vueltas que dieron la Luna y el Sol mientras yo callaba en este blog. Decía Platón que el tiempo era la imagen móvil de la eternidad: un ciclo en el que cada persona, cada acto, cada especie tenía precondicionado su destino... ¿sería el mio esperar un poquito más? uhmm...

Aristóteles unió a los días el concepto de movimiento. El tiempo entonces pasó a ser concebido como el número, la medida del movimiento según el antes y el después.

En la concepción judeo-cristiana se rompe la idea del eterno retorno y hay un cambio de mentalidad en el que se introduce el concepto de tiempo lineal: el mundo está inacabado y debemos perfeccionarlo.

El tiempo y sus diferentes visiones. Newton, Einstein, Davies... ¿Conoces los matices e implicaciones de las nuevas teorías?

En ese espacio he estado yo entretenida para contaros, más pronto que tarde, mi siguiente aventura. En ese espacio y en otros muchos espacios, pero ya sabéis que las Reinas Magas debemos guardarnos algunos secretos...

¿Existe algo más hermoso que un cielo abierto lleno de sueños?.

¡Buen fin de semana!



jueves, 26 de septiembre de 2019

De partos y ritos

Cuenta el gran geógrafo e historiador griego Estrabón en su obra "Geografía" (7 a.C) que el pueblo cántabro era digno y valeroso a tal extremo que quien caía prisionero prefería su muerte y la de todos su familiares antes que la esclavitud. 

Admirado por la valentía y fortaleza de las mujeres cántabras, contó en su libro III que eran ellas quienes transmitían la herencia y casaban a sus hermanos. Y cultivaban la tierra, y apenas daban a luz cedían el lecho a sus maridos y los cuidaban. Hay quien dice que eran tan iguales que los hombres "daban a luz con ellas"... 

Algunos consideran esta costumbre, que se denomina covada, como la prueba de la existencia de un matriarcado en el pasado entre los cántabros.

En realidad no estaba sólo presente en este pueblo, sino que se encontraba también entre astures, vascos, maragatos, ibicencos, corsossino, tibarenos, corsos y en algunos pueblos de América del Sur y Nueva Guinea.

La covada es un término etnográfico por el que se conoce a la costumbre presente en algunas culturas, en el momento de un nacimiento, mediante la cual el padre simula el parto. A veces consistía en la entrega del bebé al padre por parte de la madre para que éste se ocupara de él. Se considera un rito de legitimación del recién nacido. Otras voces, en cambio, dicen que la covada expresaría el deseo de parir del hombre. También hay quien piensa que con este rito lo que se hace es un reconocimiento expreso de la paternidad y desacredita el poder de la mujer como creadora...

Y hay quien simplemente cree que era una manera mágica de que los padres mostrasen su empatía con las madres en ese momento maravilloso, pero duro y difícil que es un parto. 

Hace casi un año yo fui mama de nuevo. Y, aunque esta vez nos encontrábamos muy lejos, estuvimos igual de juntos... 

¿Sería ese el verdadero sentido de nuestra particular covada?

¿Cómo fueron vuestros partos?

¿Y vuestros ritos?



¡Bienvenido Otoño!